Regresso da Comunidade

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João Tordo estará amanhã, às 17 horas (um bocadinho antes, até) na Livraria Almedina do Arrábida Shopping, em Gaia, para mais uma sessão da Comunidade de Leitores. Em debate, o seu livro As Três Vidas, mas outros assuntos também. Quem quiser aparecer, só precisa de preencher dois requisitos: gostar de ler e de conversar sobre o que lê.

Ia ser tão bom, não foi?

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Curiosas reflexões incluídas no relatório anual da consultora Deloitte sobre Tecnologia, Media e Telecomunicações, com base em notícia do DN.

Como o modelo online suportado na publicidade não está a funcionar, os editores devem reconsiderar essa estratégia, nomeadamente na análise de modelos de assinaturas ou na redução da sua presença na web.

“Os jornais japoneses já restringiram a sua presença online e os seus títulos sofreram quebras menores em leitores e anúncios do que os seus pares americanos e europeus”, refere o trabalho. O desafio é que podem passar vários anos “antes de os leitores estarem preparados para pagar por conteúdos antes gratuitos”.

Conclusão: se as minhas conversas de café com alguns camaradas de profissão fossem em power-point, já estavamos ricos só a fazer de gurus.

A foto é de Nuno Espada

Santiago – IV

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No congresso (realizado na magnífica Faculdade de Jornalismo, um edifício desenhado por Siza Vieira), as reacções dos amigos jornalistas da América-Latina às minhas palavras na conferência deixaram-me de lágrimas nos olhos por uns bons minutos. Mas acima de tudo, fizeram-me ficar um pouco mais optimista quanto ao futuro do jornalismo. Não é por mim, nem por causa das minhas convicções, que só fazem sentido se humildemente partilhadas. É porque esse conforto, nestes momentos de dúvidas e angústias gerais na profissão, vem sobretudo do lado de lá do Atlântico, onde muitos profissionais se recusam a deixar de tentar escrever como se fossem mudar o mundo.

Partilho aqui extractos do que disse. Mas antes, algumas desculpas: após alguma ponderação, decidi fazer a intervenção em castelhano (ou se preferirem, em portunhol), pois, segundo me foram dizendo ao longo do congresso, seria mais fácil aos galegos, espanhóis e latino-americanos entenderem o brasileiro do que o português original, que «come vogais» (e que tal uma harmonização fonética, não?). E como a prioridade é fazermo-nos entender, assim decidi (não sem dúvidas). Outro ponto: desculpem que não traduza este mau castelhano, muito pouco recomendável. Usei-o sobretudo para me orientar e não perder a organização das minhas ideias. Dito isto…

“Queridos amigos
Les pido anticipadamente perdón, porque lo que vos voy a decir es apenas la visión y el análisis humilde y sencillo de un reportero de 38 anos – más de mitad de los cuales dedicado al periodismo – que no tiene coche ni carné de conducción y que, a diario, tiene de caminar un buen par de quilómetros, utilizar el bus y el taxi.
De esa manera y sin más pretensiones, intenta pasar una buena parte de su tiempo buscando las palabras de la gente de la calle, comprender sus sueños y frustraciones, o intentando escuchar lo que sienten y dicen las voces silenciosas – o silenciadas – de nuestras sociedades.
Gente para quien la libertad de expresión tiene, por veces, un único significado: pueden expresarse y contar sus historias libremente, pero esas historias tienen, por veces – demasiadas veces – poca o ninguna expresión en el mediatismo, consumismo y en la farándula de nuestras sociedades.
Por otra cosa, pido anticipadamente perdón: lo que voy a decir es, sobretodo, la visión condicionada y limitada de un europeo.
De un europeo y portugués, si, pero que no tiene la arrogancia ni la pretensión de dar clases de democracia, libertad, participación cívica y convivencia a los países de Latinoamérica que, con sus logros y fracasos, tienen, desde siempre, mucho más que enseñarnos do que nosotros a ellos. Muchas veces los miramos solo para caricaturarlos, hablar de sus golpes de estado, tragedias humanitarias y debilidad de sus instituciones, cuando al mejor deberíamos mirarnos al espejo.
(…)
Rodrigo, un periodista brasileño que vive en Madrid, nos contaba en estos días de forma conmovedora en una de las mesas redondas que el año pasado ha entrevistado un inmigrante brasileño que buscaba empleo en España hace bastante tiempo, pero sin lograrlo.
Y así se mantiene hasta hoy.
Rodrigo nos contó que ha hecho la entrevista unos meses antes de la crisis internacional. Pero, en esa entrevista, la experiencia desafortunada de su compatriota fue la primera señal de que algo se iba a pasar con el sistema. Y Rodrigo percibió que ese inmigrante era, en ese momento, un “hombre famoso”.
En un momento en que esa misma crisis no tiene una fecha de termino, es nuestra obligación cuestionamos cuantos de eses hombres famosos han merecido, de nuestra parte, la atención debida?
En un momento en que esa misma crisis tiene graves consecuencias para el futuro de los medios de comunicación y su independencia, es necesario reflexionar se estamos haciendo todo lo que deberíamos por un periodismo de responsabilidad social, capaz de entender y incluso anticipar y prevenir los cambios sociales, políticos y económicos?
En un momento en que los medios pueden, en el intento de sobrevivir, tornarse más dóciles con el poder político y económico y ser complacientes con los poderes que intentan limitar la libertad de expresión, creo que algunos directivos y administradores de la prensa – y incluso algunos periodistas – tienen que cuestionarse se no estuvieran demasiado cerca de algunos poderes y por demasiado tiempo bailando y coqueteando con algunos de eses poderes y personajes que nos han levado a todos al abismo?
Creo que ha llegado el tiempo de hacer alguna auto-critica.
La culpa del grave momento que estamos viviendo no es apenas de los poderes en relación a los cuales no ha existido la transparencia y la regulación que debería.
Nosotros, en la prensa, fuimos demasiadas veces cómplices del sistema.
Se han dado demasiados titulares, portadas, autoridad y protagonismo a algunas figuras que solo estaban intentando disfrutar y emborracharse en la hoguera de las vanidades.
Quien promovió tantas y tantas veces los mitos empresariales y políticos, la incompetencia y irresponsabilidad doctorada?
Quien lanzó muchas veces nuestros ciudadanos en los brazos perversos de la moda, de la pose, de la superficialidad y de la alienación?
Quien ha sido tantas veces cómplice del insulto y diabolización del papel del Estado y de los poderes públicos?
Quien ha tratado los mercados financieros, la iniciativa privada como el paraíso en la tierra?
Quien ha promovido personajes que no tenían ni solo una idea de responsabilidad colectiva?
Quien no fue tan vigilante como debería en relación a los desmandes de los poderes y la manipulación de sus asesores y voceros?
Estaremos reportando las indignidades que el sistema reproduce en el mundo, en nuestra ciudad, en nuestras calles o, al contrario, estaremos, demasiadas veces, apenas cumpliendo la función de difusores pasivos de intereses políticos y económicos a la escala global?
De diversas formas, la prensa fue el reflejo de sus sociedades (y hablo, en este caso, de la prensa europea, portuguesa incluso).
Sociedades anestesiadas, pasivas, poco participativas, acomodadas y más interesadas en un bien estar aparente generan poderes y una prensa sin visión de futuro, sin preocupaciones con lo colectivo y sin preocupaciones con una mayoría silenciosa que, en nuestros países, siente en este momento que le hace falta algo relacionado con los valores comunes a una sociedad, la ética y una cierta moral en el ejercicio del poder.
En estos momentos se habla mucho – demasiado – del efecto Obama en el planeta. Creo que no deberemos caer en el ridículo de entrar en una especie de Obamania o de hablar de un nuevo Messias. Sabemos a donde nos han llevado algunos.
Pero creo que debemos mirar con renovado interés este nuevo tiempo que se vive en los Estados Unidos.
Mientras esperamos, atentamente, para ver se la practica de la administración norte-americana va acercarse a las teorías defendidas por su nuevo presidente, algo de importante ocurrió y tengo esperanza que pueda contagiar una buena parte de nuestros gobiernos y nuestros políticos, de nuestra prensa y nuestros ciudadanos. Después de Obama, creo que por lo menos algo ocurrirá: va a ser más complicado mentir, manipular y ocultar. Y eso ya será pedagógico.
Al mismo tiempo, y después de un periodo en que fuimos igualmente cómplices de una especie de intoxicación lingüística, creo que por lo menos se ha abierto una puerta para que se desarrolle una nueva gramática de la decencia, de la ética, del papel del Estado, de la prensa, de la ciudadanía, de los valores colectivos en una sociedad. Y en eso todos estamos implicados.
(…)
Y eso implica intentar un regreso a la pureza de las palabras, desnudándolas de uniformes y retóricas. Precisamos de devolver a las palabras su valor real. Luchar para que ellas traduzcan lo que efectivamente quieren decir. Tenemos de cuidar de la integridad de las palabras y de su traducción en la práctica como último reducto de un pensamiento crítico, independiente y libre.
De la recuperación de esos valores depende no solo el futuro del periodismo, pero también la integridad de los valores, de los seres humanos, de nuestras sociedades y de nuestros gobernantes. “Este oficio no es para cínicos”, lo decía Kapuscinski, gran periodista polaco.
Con notables excepciones, hubo, por demasiado tiempo, McPeriodismo, periodismo low-coast, barato, despreocupado de su papel social, despreocupado de sobresaltos cívicos.
(…)
Un periodismo de vistas cortas, leve, superficial es peligroso para la construcción de una sociedad que se desea libre, responsable, exigente, contrastante y madura. Hacer periodismo no puede ser la forma mas rápida de ser famoso, de tener coche, tarjeta de crédito y pagar la casa. Tiene de ser un ejercicio constante de memoria vivida y adquirida, de responsabilidad, de credibilidad.
El periodista no puede cambiar el mundo, lo sé. Pero sigo pensando que es nuestro deber intentar escribir como se eso fuera posible. Y para eso, no basta ser libre. Es necesario tener coraje.”

MC
Porto, Portugal

Santiago – II

26012009
Visita à sede do jornal La Voz de Galicia na Corunha. Na retina, o museu. Com milhares de primeiras páginas de jornais de Espanha e internacionais. A um canto, com dignidade, uma resenha da imprensa portuguesa com exemplares únicos, creio, da nossa história jornalística. Uma maneira simples de nos fazer lembrar aquilo que tantas vezes pouco sabemos cuidar:a memória. Na visita a la redacción reparo numa primeira página emoldurada, pendurada num dos corredores. Portuguesa, do Público. Com uma fotografia a ocupar toda a capa: Salgueiro Maia no 25 de Abril.

À despedida, Carol. Uma jornalista brasileira matriculada no mestrado de jornalismo organizado pelo jornal. Simpática, divertida, bem-humorada, pergunta qual a melhor maneira de fazer a viagem para o Algarve quando, em breve, chegar a Lisboa. “Tou indo procurar a Madeleine…”. Ponho cara de espanto. “Brincadeirinha, é só minha prima mesmo”.

Santiago – I

25012009
E ao primeiro dia…remanso. Com direito a passeatas, visitas, conversa em dia com amigos de cá e de lá do Atlântico, com intervalo para um cozido e queimada galegas (de estalo). Momento do dia: na catedral de Santiago, Jauregui, director do congresso, dirige-se, em plena missa, ao santo e ao padre de serviço para que ambos abençoem o evento que começa hoje, a sério, em plena “era Obama”. Palavras dele. O presidente dos EUA foi, pois, assunto de homília num dos mais importantes locais religiosos do mundo. Os colegas da América Latina ouvem, entre o espantado e o irónico, a referência. “Esto de Obama es un poco ridiculo, no?”, perguntam. Aproveito para lhes contar a história do cachorro-de-água português que, espera-se ardentemente, há-de ir parar à “Casota Branca” de Washington. Quando nascer – e se nascer – claro, pois o casalinho de perros que o há-de parir demora a fazer o serviço e tem trazido o País pela trela da expectativa. Riram-se na minha cara. Se calhar pensavam que eram só eles que tinham problemas…!

Pronto, agora és a minha musa…

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“A friend once told me that I find my stories because I never learned to drive. It´s true. I take the bus. I walk around. By being out there – not the driver of my story but the literal and figurative rider – I have the opportunity too see things that I would never otherwise see.”

Katherine Boo, jornalista, colaboradora assídua da New Yorker, no livro Telling True Stories (a nonfiction writer’s guide from the Nieman Foundation at Harvard University). Katherine foi premiadíssima pelas suas reportagens de pendor social e já recebeu o Prémio Pulitzer. Escreve maravilhosamente, é inteligente e ainda por cima feia, como se vê pela amostra…